miércoles, 9 de agosto de 2017

Malasia 2004

Fui a Malasia por primera vez en 2005. Por terco, me llevé una cámara análoga que no sabía usar.


Por eso las imágenes con las que acompaño esta primera entrada son obtenidas de google. No puse bien el rollo en la cámara y regresé con 72 fotos arruinadas.

Llegué a Singapur porque era el destino más cercano por el que podía viajar hasta en primera clase pagando sólo USD$80 (era empleado de United airlines.)

Llegué de madrugada al por entonces ya impresionante aeropuerto Changi, en Singapur.

El aeropuerto estaba casi vacío, di vueltas buscando la oficina de Mexicana de aviación para que me vendieran un boleto barato a Kuala Lumpur. Estaba cerrada, obviamente, así que seguí dando vueltas por el aeropuerto hasta que dí en una esquina medio alejada, debajo de una escaleras eléctricas y junto a un área para fumar. Estaba empezando un maratón nocturno de Hellraiser. Había otro turista solito en la pequeña sala y me senté en una esquina con mis maletas. Vi casi toda Hellraiser, esta primera ya la había visto de niño. Luego me eché Hellraiser II y la mitad de Hellraiser III, pero me dieron flojera los cenobitas: había uno con una cámara en el ojo que se me hizo muy ridículo, y otro que parecía un muppet con una tanga de antifaz.


En fin, fui al área de fumar junto a la salita de cine y me sorprendieron el calor y la humedad. Algún empleado del aeropuerto sugirió que me fuera en camión a KL porque las oficinas de las aerolíneas tardarían mucho en abrir. Caminé 50 metros desde la puerta donde estaba hacia la parada de autobús. atravesé un parque vacío para llegar ahí, ya habían tres o cuatro personas esperando el camión. No tenía moneda local, ofrecí dólares al conductor y no los aceptó pero igual me llevó a Johor Baru, la frontera con Malasia. El recorrido me pareció como de treinta minutos o menos.

Pasé ridículamente fácil por inmigración Malaya. El edificio donde sellaron mi pasaporte y me dieron el "Welcome to Malaysia" parecía una tienda conasupo. Pasé caminando del otro lado. Había amanecido y el paisaje no era tan alentador. Junto al camino había una ruina de un templo hinduista. No digo ruina antigua, más bien ruina como en esas zonas horribles del estado de México. Despintado, grafiteado, gacho pues.

Caminé un poquito más hasta una mini central de camiones junto a un par de tiendas y un ATM. Ahí obtuve al fin moneda local (porque para llegar de Singapur a Johor Baru  la única persona que vi en la estación me regaló el pasaje cuando fallé en hacerle entender que quería cambiar un dólar por ringgits.)

Ahí por fin me subí muy emocionado a un camión de segunda, pero muy cómodo, limpio y con curiosas cortinitas en las ventanas. Algo así más o menos:



Antes de partir hacia KL el conductor discutió intensamente con una pasajera. No tengo idea que pasó porque hablo como 10 palabras de malayo (bahasa Malay) pero estuvo muy entretenido. Salimos y me dormí a los dos minutos. Desperté a la mitad del camino en una parada que hizo el  camión para ir al baño y comer algo. Esta foto es más reciente pero era este lugar:



El olor a comida era increíble. Comí mi primer nasi lemak aquí (arroz con pollo, cacahuates, salsa picante y agridulce, huevo cocido, anchoas fritas y pepino en una hoja de plátano) y me enamoré para siempre. Seguro costó como $10MXN.




Dormí el resto del camino a KL y llegué super jetlaggeado a una zona cerca de Bukit Bintang pero más pobretona. Esa tarde comí delicioso en un buffet indio. Tip: nunca dejes "tip."

Comí tan increíble que dejé una buena propina (porque además el buffet costó tal vez $20 o $25MXN) pero el empleado me siguió fuera del restaurante y me dijo"No tip! no tip!" al regresarme la propina. Me disculpé y llegué a una tienda de juguetes increíble en la que pasé una media hora. De ahí a un mall que tenía casi tres pisos de DVDs piratas. Fui al cielo dos veces en un día. Casi todo era bollywood y películas chinas sin subtítulos pero conseguí algunas buenas cosas.

En la noche Mr. Manjeet Gill, el amable punjab que me recibió en su casa, me llevó a  Bangsar.
Esto es Bangsar.




Es un poco como  Coyoacán o Polanco en el DF. Al día siguiente me llevaron a desayunar comida china increíble y luego a comer en un restaurante del sur de la India. Currys en hoja de plátano. Delicioso es poco. Era algo así:



Visité templos hinduistas, vi un par de mezquitas por afuera, subí a Menara Kuala Lumpur, de donde ves las torres petronas hacia abajo, no porque sea más alta, sino porque está en una lomita. Comí increíble, conviví con gente de India, China, locales malayos y otros, descubrí que algunos chinos prefieren no  refrigerar el agua (dicen que es malo para ti), probé los tradicionales cigarros Kretek  y al cabo de cinco días volaba hacia Sandakan, en Sabah, Borneo.

Esa historia se las cuento en nuestro próximo episodio.

Para resumir, vayan a Malasia porque hay tres culturas en perfecta armonía, con toda la oferta cultural que eso implica (templos, edificios, fiestas ¡COMIDA!)

La ciudad es segura, la gente en general amable, el Islam es muy relajado ahí, las chinas andan casi en bikini y ni quien les diga nada. El clima es genial si te gustan el calor y la humedad, la comida además de estar entre las mejores del mundo (pregúntenle a Anthony Bourdain) es baratísima, todo está lleno de parques, árboles y jardines, la arquitectura es impresionante y casi todos hablan inglés, lo que facilita pasear por tu cuenta a diferencia de Vietnam o Laos.





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